El momento cúlmine ocurrió antes de que sonaran los acordes del Himno Nacional. Javier Milei, en un gesto que rompió el protocolo de formación, se acercó a Adorni y le propinó un abrazo prolongado y efusivo.
No fue un saludo de compromiso; el Presidente le palmeó la espalda con fuerza frente a las cámaras, en una señal inequívoca de que, para el líder de La Libertad Avanza, el funcionario sigue siendo, por ahora, una pieza inamovible de su mesa chica.
El desfile de los ministros Adorni, que llegó último a la fila de autoridades, se convirtió rápidamente en el imán de las atenciones del resto del equipo.
Luis "Toto" Caputo fue uno de los primeros en acercarse. El ministro de Economía lo recibió con una sonrisa y un apretón de manos que derivó en un abrazo lateral, simbolizando la alianza entre los dos hombres que manejan la comunicación y los números del Gobierno.
Federico Sturzenegger, el artífice de la desregulación también se sumó a la cadena de saludos afectuosos, conversando brevemente al oído de Adorni mientras le sostenía el brazo, en un gesto de camaradería visible.
Diego Santilli,el ministro del Interior tuvo la foto con el Jefe de Gabinete, saludándolo con un ímpetu que buscaba disipar cualquier sospecha de internas dentro del ala política.
A diferencia de otros actos donde la distancia jerárquica suele ser la norma, esta vez la gestualidad física reemplazó a las declaraciones.
Mientras el entorno de Adorni enfrenta denuncias por su patrimonio y el uso de bienes públicos, el Gabinete respondió con un "cierre de filas" táctil. Cada palmada en el hombro y cada abrazo fue, en realidad, un voto de confianza público para neutralizar el desgaste de la denominada "semana negra" del vocero presidencial devenido en Jefe de Gabinete.






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