La primera conclusión es que la derrota debilita a Donald Trump y fortalece a los demócratas, aunque en el Gobierno sostienen que no se resentirá el vínculo estratégico entre Argentina y Estados Unidos que ambos países construyeron en los últimos años.
“Hay que leerla muy en clave de las discusiones que están atravesando hoy la política americana y la relación con Argentina no está en discusión”, dijo una de las voces legislativas que mejor conoce ese entramado.
“Trump va a seguir entendiendo a Argentina como una ficha esencial, no solo por su amistad y coincidencia ideológica con Milei, sino también por cuestiones geoestratégicas. En ese punto no nos cambia, según mi punto de vista”, agregó.
En el círculo de confianza de Javier Milei afirman que no está en discusión un eventual apoyo financiero a la administración libertaria como el que convalidaron Trump y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, en 2025. El ESF, el Fondo de Estabilización Cambiaria, la herramienta a la que se apeló para darle soporte al peso, no requiere aprobación del Congreso.
Aun así, hacen una salvedad que no consideran menor. “El salvavidas de Washington, el bailout, se podría volver más caro”, analizan en uno de los sectores más importantes del Gobierno.
El impacto más fuerte en la Casa Rosada estuvo en el plano de las expectativas políticas. Trump perdió con contundencia en estados donde el Partido Republicano no caía desde hacía décadas, en medio del malestar de los votantes por la economía y por la guerra contra Irán, que disparó los precios de la gasolina.
Uno de los principales derrotados fue el movimiento MAGA, mientras creció el caudal de votantes en torno a consignas progresistas, tanto económicas como políticas, impulsadas por el Partido Demócrata.
A partir de ese resultado y de lo ocurrido en Brasil, en el entorno del Presidente no se animan a hablar de un efecto contagio en la Argentina, pero admiten que es un dato a seguir de cerca desde el Gobierno.
















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